Rosmery Castro Quisbert (16 /05/Madrid/ 2006)
"Este vaise,aquel vaiste, e todos, todos se van. Galicia sin homes quedas que te poidan traballar" decía aquella brillante escritora española, gallega, Rosalía de Castro, conmovida por cómo en su siglo, 1800, sus paisanos cruzaban los mares para “hacer las Américas”.
Una artista africana, en un programa de televisión, “El Loco de la Colina”, denunciaba el drama de los de su tierra, mostraba su dolor e impotencia por esa gente que muere en los mares, en las costas españolas, “no son pobres”, decía “no lo son”, “no hay hombres ricos ni pobres en el mundo, hay sinvergüenzas que no tienen reparo en robarle el pan al otro”, robarle el pan al otro incluso para luego nausearlo.
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En tres días han llegado 1.000 africanos a las costas canarias de España, África escupe hombres al mar todos los días ante la mirada pasiva del mundo, unos mueren en ese recorrido de 6 días por falta de agua, comida, de agotamiento físico. Las autoridades europeas responsabilizan de este drama a las mafias, y ponen en marcha duras medidas para controlar sus costas. Según llegan los devuelven otra vez al infierno de África y estos lo intentan cuantas veces haga falta, hechizados por esos estados de bienestar. Y, aunque digan que no, Europa les necesita.
“Nos necesitan, nos necesitan” decían aquellos españoles inmigrantes en Suiza en los 70, cuando el huracán xenófobo desencadenado por los ultra racistas de Acción Nacional pretendía echar a los inmigrantes de aquel país, cerrar las fronteras de la Confederación Helvética a los extranjeros. Esa minoría racista de suizos pretendía expulsar del país a los inmigrantes a través de un referéndum, sin embargo la euforia de las inmigrantes desembocó en las calles suizas ante el NO rotundo al referéndum.“Nos necesitan, nos necesitan, no pueden echarnos de este país como a perros,” decían los inmigrantes. “Era un triunfo moral que venía a compensar tantos días de temores e incertidumbres vividos entonces por los inmigrantes españoles “ afirma JB Filgueira, escritor español inmigrante de cuyo libro he rescatado hermosas y valientes experiencias de emigrantes españoles, no quiso revelar su nombre y prefirió identificarse sólo con su apellido, Filgueira, como un emigrante más, a pesar de que cuando se publica su obra en 1976 ya había fallecido Franco y se produce la coronación de don Juan Carlos I como rey de España.
Otro periodista español denunciaba por la radio la partida de sus compatriotas,“España, de los reyes católicos, criada de Europa, porque no se van también los de la Iglesia”. Desde la época de Rosalía de Castro y más adelante, en la década de los 50, 60 y 70, España fue un país de inmigrantes, marchaban con maletas atiborradas de ilusiones hacia América, Francia, Suiza, Bélgica, Alemania, Holanda, e Inglaterra. El lema de esos inmigrantes españoles en Suiza era "Vivir en barracas para ahorrar al máximo y gastar lo mínimo..". En Francia habían 600.000 inmigrantes españoles, “yo soy un bruto, no sé leer; pero quiero que mi hijo estudie, que sea alguien...".decía el inmigrante español, ciento treinta mil hijos de emigrantes españoles deseaban ser alguien, aunque la mayoría no lo conseguía.
“La emigración española a Bélgica tiene principio y entraña de cante de mina..." afirma Filgueira en su libro “los emigrantes”. En Bélgica, en 1970, el escritor decía, "va siendo hora ya de ir dando aldabonazos sobre el sordo yunque de la conciencia europea, a fin de que nos escuchen de una vez y nos tengan en cuenta para algo más que tomar el sol en nuestras playas, asistir a una corrida de toros o para tocar palmas a uno que otro tablao flamenco. Y sobre todo donde estos aldabonazos deben sonar más fuerte, y más intensamente, es precisamente aquí, en Bruselas, capital del Mercado Común Europeo y de la OTAN, y donde nuestro representante en la CEE, el señor Ullastres, se ve obligado a tener más paciencia que un santo Job, mientras se pasa los años mendigando para que acepten nuestras lechugas, nuestros agrios, o, nuestros productos industriales, como si aquéllos fueran robados de huerto ajeno o estos últimos fueran inútil chatarra".
Los inmigrantes españoles que estaban en Alemania denunciaban: "en España nos han dorado la píldora y aquí en Alemania nos hemos llevado la desilusión, hay 3 millones y medio de trabajadores inmigrantes...la relación de comunicación en Alemania es nula para los españoles, los centros y los hogares españoles son válvula de escape. A muchos de ellos incluso les salva de la NEURASTENIA, el choque es brutal". Habían 200.000 inmigrantes españoles entonces en Alemania.
En Inglaterra, según datos de 1974, habían 30.000 inmigrantes españoles, trabajaban en el sector de la hostelería (63,3%), servicios domésticos (23,7 %) y en la industria y comercio apenas 7,9 %; en caso de tener permiso de trabajo sólo se les autorizaba para trabajar en estos sectores, no podían disfrutar, ni mucho menos, de los privilegios de los emigrantes súbditos de los países comunitarios ni de los pertenecientes a la Commonwealth, que, por el contrario, éstos sí podían desempeñar puestos y servicios más cualificados que los españoles.
En Holanda, país pequeño, en 1972 habían 20.067 inmigrantes españoles, 28.000 residentes en total.
Si bien Rosalía de Castro denunciaba en 1800 la marcha de sus paisanos “a las Américas” , más tarde otros escritores, poetas, artistas y periodistas continuarían manifestando su dolor por la partida de miles de compatriotas españoles , esta vez a Europa. Quienes se iban a Europa escribían "Hace ya bastantes años, cuando todavía era yo rapaz, oía a menudo hazañas e historias de emigrantes, cosa nada extraña en mi Galicia natal, pues rara era allí la familia en la que alguno de sus parientes no había cruzado el charco, con sus maletas preñadas de ilusiones, tal como el hacer las Américas, allende los mares". El mayor deseo y esperanza de JB Filgueira: que sus dos hijos no fueran emigrantes españoles sino españoles en el extranjero”.
Unos van y otros vienen, como la historia misma del hombre, fuimos y seremos inmigrantes, como los europeos que levantaron esos unidos estados, como los que llegaron a América , los que poblaron Sudáfrica; los que fueron de occidente a oriente, de Europa a África y Asia; y ahora los que vienen, con maletas “preñadas” de los mismos sueños, arriesgando la vida en el intento, cuántas vidas de inmigrantes tragadas por la mar, cuántos sueños duermen en su entraña, duerme mucho debajo esas aguas, además de ricos cofres y barbudos, cuántos de oriente y cuántos de occidente, si la mar hablara.
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| Inmigrantes italianos desembarcando en
Argentina. |
Gauchos alemanes Cerca de Gualeguaychú, descendientes de inmigrantes del Volga mantienen sus tradiciones en un puñado de colonias agrícolas, en Argentina. |
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