El “horizonte” de Bolivia es socialista: bravo

Remberto Cárdenas Morales, La Paz, 23 de enero de 2010

En Bolivia que sí cambia se construirá el socialismo, según lo dicho por el Presidente y el Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en los actos de posesión para un segundo mandato de cinco años. Esa es una noticia que causa alegría en las filas del pueblo que sueña y que lucha por esa sociedad la que, más allá de las derrotas, se la reconoce como la más justa y la más humana que se ha intentado y que se edifica en países como Cuba. La preocupación sobre esa propuesta, que se mezcla con satisfacción, es la de intelectuales de izquierda, analistas en medios de difusión y de quienes creemos haber aportado para el advenimiento de la actual transición boliviana. La ultraderecha que parlotea en contra del socialismo y del comunismo aprovechará para infundir miedo al uno y al otro. Allá ella, pero no debemos amplificar su voz.

El Presidente en discursos de su primer mandato, esporádicamente, habló del socialismo para Bolivia. Lo ha hecho en otras ocasiones de manera implícita, como en su discurso de posesión (22-I-10) cuando a los jefes militares les dijo que en institutos de formación profesional a su mando se sigue enseñando que el enemigo de nuestros pueblos es el socialismo, cuando en verdad el enemigo es el capitalismo.

El día de la última victoria electoral con el 64 por ciento, cuando manifestantes en la Plaza Murillo de La Paz le pidieron socialismo, el Presidente respondió que la reunión del ALBA, realizada en La Habana, en diciembre pasado, se iba a discutir el tema.

El primer mandatario, luego de su posesión para su segundo período de labores gubernamentales, en más de uno de sus discursos volvió a hablar de la revolución democrática y cultural, denominación a la que parece aferrarse, lo que es destacable, pero sin añadir, por ejemplo, que aquella revolución es la primera etapa o el prólogo de la revolución socialista.

El Vicepresidente, especialmente, propuso el socialismo comunitario y democrático, aunque más allá de la denominación importa la esencia del planteamiento. Quizá quiso sugerir que ese socialismo será boliviano, distinto de cualquier otro que tuvo lugar en el mundo y que fue derrotado. Sobre esa derrota, sin embargo, intelectuales se encargaron de afirmar que aquella forma de socialismo había sufrido un revés de alcance mundial, pero que el modo de producción socialista, como modelo de sociedad, mantiene su potencialidad casi intacta.

La sociedad socialista, como paradigma, demandará varias notas como ésta, incluso sólo las que tengan pretensiones periodísticas y de divulgación, como las que van en este espacio.

En ese cauce cabe afirmar que el socialismo (con el apellido que se le ponga) debe acabar con el régimen de explotación y de opresión, y debe sustituir a éstas por otras relaciones económicas de colaboración, fraternales; realidad en la que a los trabajadores se les pague según su trabajo. Se trata de otra economía en la que se socializan (colectivizan) los medios de producción. Subrayamos este elemento porque en los informes del gobierno leemos que se obtuvo, estos cuatro últimos años, un éxito macroeconómico inocultable. Pero la economía en Bolivia sigue siendo en lo esencial: capitalista, dependiente y atrasada, lo que no desconoce las reformas que, de acuerdo a entendidos que comparten los cambios, muestran una administración eficiente de la economía. Sin embargo, los cambios en ésta no alcanzaron a modificar su base. Por ello, se afirma que esas medidas, que no alteran positivamente la estructura económica, son insuficientes. Cuando los empresarios y la oposición piden al gobierno que se ocupe de la economía, como lo hace de la política (y más todavía), no debe entenderse como que buscan cambios estructurales, porque lo que pretenden es que la economía funcione acorde a sus intereses. Las ganancias conseguidas por empresarios (que las reconocen y las celebran) verifican nuestra última afirmación.


Se postula que en ese tramo de la nueva sociedad también tienen que resolverse los problemas de explotación y de opresión que afectan a las naciones y nacionalidades (pueblos indígenas en el lenguaje que se acepta ahora). La nueva Constitución Política, dicen expertos, si se aplica consecuentemente, por lo que también hay que batallar, apuntará a la resolución de esos problemas nacionales y coloniales. En el socialismo se tejen nuevas relaciones sociales y las de explotación y de opresión no deben quedar ni como sobrevivencia; sobre todo en el socialismo maduro, rumbo al comunismo.


Sobre la base de las culturas que sobreviven y que pese a todo se desarrollan en Bolivia (hablamos de las culturas de los pueblos indígenas, especialmente), el socialismo germinará otra cultura, concebida como todo el quehacer humano, junto con las manifestaciones de cada una de aquellos pueblos.
Otra será la política en el socialismo. Y los actores de aquélla, como ya ocurre ahora, serán nuestros pueblos agigantados en esa nueva etapa.
Pero el socialismo quiere decir que se cuenta con un nuevo Estado. En el caso boliviano ese nuevo Estado será Plurinacional, de varias naciones, de varias culturas.


A propósito de aquel Estado Plurinacional, se entiende que el 22 de enero de este año se firmó algo así como la partida de nacimiento, lo que no quiere decir que ya exista ese Estado el que, aunque sea de aquella naturaleza (plurinacional), será una maquinaria de dominación al servicio del pueblo boliviano, para que éste imponga y desarrolle su democracia como forma de gobierno. Es que el Estado Plurinacional implica, asimismo, una nueva democracia. Y la reforma jurídica y política que se aplica señala que se avanza hacia aquel Estado.


Si fuera cierto que la “cuestión del poder” se ha resuelto en favor del pueblo, las fuerzas armadas y la policía serían los custodios confiables del nuevo Estado y en los institutos militares (y quizá policiales) no se enseñara que el socialismo es el enemigo principal de los bolivianos y no el capitalismo, como es en realidad y de acuerdo al discurso del Presidente.

Precisamente para tener claras las funciones de aquel Estado que se forma o articula, caben precisiones o siquiera comentarios sobre lo que dijo el Vicepresidente, respecto de aquella “maquinaria burocrático militar”. Señaló que, luego de las elecciones del 6 de diciembre de 2009, el MAS, los movimientos sociales el pueblo y, con ellos, Evo Morales, han tomado el poder del Estado. Si el poder sólo fuera de tipo político se asimilara aquella afirmación pero con reservas. Una parte del poder económico también administra el Estado, pero otra parte muy significativa de ese poder se encuentra en manos de los empresarios.

El Vicepresidente sostuvo, asimismo, que la hegemonía quiere decir dirección respecto del bloque social y político que apoya al actual proceso y omitió (o creyó inconveniente decirlo) que la hegemonía, además, quiere decir dominación respecto del bloque opositor a los cambios. Gramsci entendía en esa doble dimensión la hegemonía, pero este asunto demanda otra nota.
Para la construcción del socialismo se requiere una fuerza social gigantesca: organizada, unida, con la más amplia conciencia política y en movimiento. Mucho de todo aquello está con los cambios y el gobierno, pero es insuficiente. Cuando hablamos de esa fuerza descomunal que gana elecciones, recordamos que aquélla debe tener la capacidad invencible para la defensa, consolidación y profundización de los cambios en Bolivia. Y nos martilla más aún la división entre el MAS y el MSM, aunque se pregunten algunos sobre el aporte real del partido del Alcalde de La Paz. Aquel desencuentro debe superarse para construir el socialismo en Bolivia, así como esperamos que los nuevos y los viejos ministros asuman la construcción del socialismo.

Los modelos de socialismo, derrotados ahora, y los que continúan crecientes, pueden ser tomados como referentes, nada más. A pesar de todo lo que se diga en contra, aquellas formas de socialismo empezaron a construirse luego de la toma del poder por los pueblos, por la clase obrera y los campesinos, en particular. Sólo desde entonces se vivió un período de construcción del poder político, económico, social y cultural.

Los socialismos en el mundo actual fueron y son multiformes, pero por su contenido se espera que entre ellos haya un denominador común: una sociedad en la que no exista espacio ni para la exploración ni para la opresión entre los hombres y mujeres, reiteramos.
Nosotros postulamos el socialismo plurinacional y pluricultural para Bolivia, el que debe recoger de la comunidad el colectivismo que allí prevalece, el que es un elemento sustancial del socialismo, sin duda alguna.
La construcción del socialismo, también, quiere decir más trabajo y otra ética. Ésta significa que los intereses regionales, populares y nacionales están por encima de los individuales, lo que hace mucha falta entre nosotros. Y el Presidente es un ejemplo de trabajo, pero no se puede decir lo mismo de innumerables dirigentes y militantes del MAS.


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