De sábado a sábado, desde Bolivia
En el actual proceso que cambia Bolivia y en las condiciones del gobierno democrático y popular que encabeza Evo Morales, existen mejores condiciones para que se realicen los derechos humanos los que, ahora, son parte de la nueva Constitución Política del Estado, sin excepción que sea relevante. Proceso de cambios o transición que, es necesario tenerlo siempre presente, es el resultado de la lucha del pueblo boliviano desplegada en diversas batallas clasistas y nacionales. El gobierno es parte indivisible del primero, por tanto, también es una consecuencia de aquellas acciones. Esa es la poderosa razón por la que quienes hemos participado de esas luchas nos consideramos copropietarios legítimos de aquel proceso y de aquel gobierno y, por eso, los defendemos y buscamos su consolidación y avance. Por ello, mediante las elecciones que esperamos ganar con un mayor porcentaje del que señalan las encuestas, confiamos en que se reproducirá el poder democrático y popular, con lo que seguirá abierto el cauce de las reformas avanzadas que se impulsan en este tiempo las que, para su profundización, deben enlazarse con una revolución. Y ésta será visible cuando el pueblo y los trabajadores asuman todo el poder. Entre tanto, las modificaciones en las
formas de distribuir lo que producimos los bolivianos, mediante los
bonos, apuntan a que derechos burlados y postergados durante prolongado
tiempo sean atendidos, aunque se advierte que todavía no es posible
en la dimensión del trabajo y menos de las necesidades. Aunque
a esos bonos se los califique como asistencialistas, el “Juancito
Pinto” busca asegurar el derecho a la educación, especialmente
a un millón de niños bolivianos que durante el neoliberalismo
permanecían fuera de las escuelas. Y, cuando menos, a evitar
la deserción escolar que era especialmente crecida entre nosotros
y que actualmente disminuye. El “Juana Azurduy”, bono destinado a las mujeres y niños, aunque para algunos es un estímulo para la procreación desmedida y el que todavía no se paga con la celeridad requerida, se suma a los escasos ingresos de las mujeres del pueblo las que lo reciben (o recibirán) y el que sí lo necesitan. Así se atiende (o se atenderán) el derecho a la alimentación y a la salud. No es un caudal el que reciben aquellas mujeres, pero es mucho ante las carencias extremas que padecieron. Ingresos indirectos, modestos todavía, son los que se materializan mediante la rebaja de servicios, como el de la energía eléctrica, el gas natural a domicilio y el de los celulares. Esos ingresos indirectos son escasos todavía porque tenemos derecho a recibir mejores salarios, mayores ingresos. Pero incluso para ello tenemos que trabajar mucho más. Es mentira que en tiempos de cambio (al menos en la etapa en la que nos encontramos) podemos disfrutar de la riqueza nacional y trabajar menos. Es al revés, tenemos que trabajar más. El derecho al trabajo (derecho humano,
como los otros anotados aquí), durante el gobierno actual es
atendido aunque sea, también, parcialmente. La falta de fuentes
de trabajo es uno de los ejemplos irrefutables del atraso, el que es
resultado de la forma de producir: capitalista y atrasada. Este es el
sistema, todavía dominante en Bolivia, que necesitamos sustituir
por otro más avanzado, para nosotros el socialismo plurinacional
y multicultural, si a éste se lo denomina socialismo del siglo
XXI, bienvenido ese nombre. El derecho a la salud se atiende mucho más que antes, especialmente con la cooperación de los médicos cubanos y el respaldo económico del pueblo venezolano. Los más de 400.000 compatriotas (a los que se suman miles de peruanos, argentinos y brasileños) que han sido operados de los ojos por médicos cubanos, jamás hubieran accedido a esas curaciones por cuenta propia. Ese servicio gratuito, ejemplo de solidaridad del socialismo que triunfa en la Isla indomable, es una muestra de la atención de un derecho humano del que los bolivianos sólo somos beneficiarios, aunque parece llegada la hora de que aportemos para cubrir los costos de ese servicio y, además, el gobierno debe tomar las medidas necesarias para que cuando concluya la ayuda médica cubana en nuestro suelo seamos capaces de sustituirlo con recursos humanos y materiales propios. Esto último ocurrirá cuando seamos autosuficientes en un servicio como el de la salud, pero para ello falta un trecho del que es difícil señalar su dimensión. Sin embargo, abemos que los médicos cubanos nos ayudarán aquí el tiempo que “el presidente Morales y el pueblo boliviano lo quieran”, ha dicho el Embajador de la isla caribeña. Sobre el derecho a la vida, el que según
la derecha no está garantizado en Bolivia, importan precisiones
aunque sean breves: Sobre la presunta violación de los
derechos humanos de empresarios y políticos en Santa Cruz, cabe
decir que los autoexiliados desde la ciudad oriental salieron del país
luego de que se descubrió y desarticuló a los probables
o reales terroristas que operaron en aquella región bajo el mando
del boliviano-húngaro y ex combatiente de la guerra de Croacia,
Eduardo Rozsa. Desde la Prefectura de Santa Cruz también se violentó el derecho al trabajo, a la salud, a la seguridad, a la vida de innumerables compatriotas, especialmente de inmigrantes y también de nacidos en aquel departamento. Miembros de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), entonces al servicio de dirigentes empresariales, cívicos y políticos, también violaron aquellos derechos. Organismos encargados de la defensa de los derechos humanos de la Organización de Estados Americanos aportan con datos a tomarse en cuenta: en Bolivia se violan los derechos humanos también desde grupos de choque como la UJC. Durante la matanza de Porvenir (11-IX-08), con el resultado luctuoso de al menos 13 muertos, decenas de heridos y torturados, se violaron los derechos a la vida, a la seguridad, al libre tránsito, al trabajo, a la educción, entre los principales. Los autores de esa masacre, de las heridas y las torturas fueron grupos paramilitares bajo el mando del ex Prefecto de Pando, ahora detenido en el penal de San Pedro y candidato a la vicepresidencia del país. Huestes que, con la masacre, defendieron un poder regional pandino que sigue casi intacto. La derecha asegura que aquella ex autoridad
está privada de sus derechos políticos, como el de hacer
campaña electoral. Esta es una de las mentiras, la que a veces
parece que creen incluso funcionarios del gobierno. Aquel preso, al
que se le sigue un juicio criminal porque se le acusa de autoría
intelectual en la matanza de Porvenir, ejerce todos sus derechos políticos
y en particular el de la libertad de expresión. Hay ejemplos
suficientes que demuestran que aquel político y empresario sólo
está impedido de la libre locomoción. |
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