Corrupción y emigración boliviana,
porqué nos fuimos de nuestra patria

Rosmery Castro Quisbert,Londres, 04, abril, 2008

Esta es mi historia

Cada emigrante boliviano arrastra un historia particular sobre porqúe tuvo que
abandonar su país, tres millones vivimos en el exterior, víctimas de la mala
administration de nuestra riqueza, de la irresponsabilidad de
nuestros padres que acudieron a votar a un partido político a cambio de un kilo
de arroz para llenar nuestra tripa. Víctimas de las dictaduras. Víctimas del
descarado manejo político de los medios de comunicación. Del servilismo de
periodistas a clanes políticos cuyos hijos viajan con visa y no tienen que
emigrar como nosotros. Víctimas de la corrupción, lacra hecha hábito en Bolivia.

Estudié en la Universidad Mayor de San Andres (UMSA) de La Paz, trabajé como periodista en el entonces Ministerio de Comunicación Social de Bolivia, en 1994 recibí la invitación de la Vicepresidencia de la República para trabajar en su departamento de prensa, la entrevista me la hizo el Negro Arias, uno de los hombres de confianza del entonces vicepresidente Victór Hugo Cárdenas, éste me recibió con dos besos y rápidamente me encajó otro en la boca como a su novia, habitual en ese entorno del gobierno el acoso a las secretarias y otras
empleadas solteras y casadas a las que obligaban llevar minifaldas.
Luego de ampliarme información el Arias me dejó sola en su lujoso despacho
para que escribiera un análisis sobre la situacion política del país, entonces
me dedicaba a redactar artículos periodísticos sobre las actividades del
gobierno, además de monitorear los medios y editoriales de los periódicos
nacionales, no resultó complicada aquella redacción. Más tarde me recibió el Vicepresidente de la República, su excelencia don Victór Hugo Cárdenas, igualito nomás el saludo, "los tres besos" les llamaban con razón las secretarias de la Vicepresidencia, el gallinero había sido de ellos. Una semana después firmé el contrato de trabajo, mi labor consistía en organizar algunos eventos en el departamento de prensa de la Vicepresidencia junto a otro compañero, viajar con su Excelencia y su esposa para cubrir sus actos públicos.

Todo iba bien hasta aquel día que se estrelló la avioneta del Vicepresidente en
Caranavi, Nor Yungas, del que salimos con vida de milagro, minutos después del impacto contra aquel árbol el bicho se quemó como papel, lo vimos desde unos metros atrás,ensangrentados, en medio de gritos, a la par que llegaban las ambulancias, más tarde el Goni envío su avión presidencial para que nos trasladaran inmediatamente a La Paz, dije que no subía al avión del gringo y opté por volver en coche por las carreteras yungueñas que entonces me parecieron más seguras.

Luego de aquel misterioso accidente supe que las avionetas en las que viajaba el
Vicepresidente eran alquiladas a una empresa privada sin seguro, me negué a
seguir viajando y la respuesta de don Victor Hugo no se dejó esperar, un día de
esos sonó el teléfono y era el guardaespaldas que "por orden de su Execelencia"
me pedía pasar por una calle próxima a la Plaza Murillo "de manera urgente", uno de los choferes del Vice pasó a buscarme y cuando llegamos al sitio indicado estaba esperando el coche de su Excelencia, salió el chofer del interior del coche y el Vice me ordenó
pasar dentro, me achucho de una forma rara y la primera pregunta de su
Excelencia fue "¿Quiere usted. trabajar más de cerca conmigo?" desconcertada le respondí que ya lo hacía, que entraba a trabajar a las ocho de la mañana y
salía cuando el terminaba, a veces por la madrugada, y tantas veces de lunes a domingo, mi vida estaba dedicada al trabajo y apenas disponía de tiempo para visitar a mi familia. Luego cambio la pregunta "está usted feliz con el sueldo que gana", le respondí que sí, "bueno, pero podríamos aumentarle, hablaremos más tarde", dijo. Dejé el coche y volví a la Vicepresidencia. Entonces cobraba 500 dólares al mes, no sé cuántas veces el salario mínimo de un obrero boliviano, hoy mi madre apenas cobra 60 dólares al mes como maestra en una escuela.
Sentí verguenza ajena ante la propuesta de aquel Vicepresidente indígena
que me hacía pagar mi salario con los fondos de UNICEF.

Dos día después me hizo llamar otra vez a su despacho e insistió con las mismas preguntas, "he decidido duplicarle el salario y mejorarle el
contrato a cambio de que usted trabaje más de cerca conmigo, qué le parece", dijo, "y en qué consiste trabajar más de cerca con su Excelencia", le pregunté un tanto cabreada, "esta noche se lo contaré, espereme a las 20:00 en su departamento" dijo. A las 20:10 sonó el teléfono de mi casa, mi compañera de departamento, a quien ya le había comentado mi difícil situación, Elizabeth, cogió la llamada , "Es el Vice, que le digo Ros" me preguntó, "que no estoy", le respondí. Al otro día pase por la Vicepresidencia a primera hora y firme mi carta de renuncia, "por motivos personales" puse, para no tener problemas. La misma semana otra compañera del departamento de Relaciones Públicas también abandonó su puesto de trabajo por similar motivo.


En este trabajo fui consciente de lo fugaz que es nuestra vida y que
tantas veces la ponemos al servicio de personas inmorales como este individuo. Mi compañero fotográfo después del accidente en Caranavi estaba en cuidados intensivos, Jose Luis, tenía dos niños, se quedó en silla de ruedas luego de sufrir un fuerte golpe en la cabeza, no sé si habrá conseguido recuperarse de las lesiones de aquel desgraciado día, don Victor Hugo ya no concedía ni una audiencia a su familia para ayudarles.


Un mes despúes, en abril de 1995, don Victor Hugo Cárdenas recibía en España el premio Bartolomé de Las Casas, que distingue a la personas, instituciones u organizaciones destacadas en la defensa del entendimiento y concordia con los pueblos indígenas de América, con una dotación de 49.040 euros en metálico y una medalla con la efigie de Bartolomé de las Casas.


Mi orgullo de periodista queriendo hacer bien las cosas me duró menos que un telediario. Este trabajo daba de comer a mi familia, volví a la realidad cuando retorné de unas mini vacaciones en mi pueblo, las facturas llegaban, los
alquileres del departamento, pasajes, comida y gastos del colegio de mis
hermanos pequeños que estudiaban en La Paz, matriculas, libros y fotocopias que ya no podia pagar, cursaba entonces octavo semestre, cuarto año, de la carrera de Comunicación Social, tuve que abandonar la Universidad, no encontraba trabajo.

Cómo ya había sido testigo de cómo nuestros gobernantes administraban la riqueza de nuestro país me plantee emigrar, la corrupción se estaba carcomiendo todas las esquinas de las oficinas del gobierno, la mayoría de funcionarios mangando y pillando tajada, y mientras tanto nuestras familias campesinas estaban remendando el estómago en Los Yungas.

Mire a Brasil , donde trabajaba mi hermano mayor en los talleres de costura
pero éste no me lo recomendó, mi hermana que estaba en Argentina con su marido me dijo lo mismo, entonces opté por España, disponía de unos ahorros que lo puse para el anticrético de la habitación de mis hermanos, 1500 dólares, y con esto podia comprar el billete, en España tenía a una pareja de amigos
españoles que me habían hablado maravillas de su país y cuando les comenté
sobre mi difícil situación y mi viaje me dijeron "cuando quieras vente, como
España no hay nada igual", por si las moscas cuando partí de Bolivia les pedí a
mis padres y hermanos que no fueran a despdirme al Aeropuerto porque no sabía cómo iba a salir aquel viaje, entonces ya deportaban a los bolivianos. De La Paz a Santa Cruz todo bien, de Sao Paolo a Madrid me fue mejor, mi compañero de asiento era un brasileño, charlamos durante todo el viaje, cuando le dije que tenía un poco de miedo a que me deportaran me respondía "tranquila, mañana estarás viendo los toros en Madrid". Cuando llegamos a Barajas me cogió de la mano y me llevó hacia la puerta de control, sacó de su bolsillo una identificación "Tripulación de Varig" decía, sellaron rápidamente nuestros pasaportes sin apenas verlo y nos hicieron salir por una puerta especial, le di mil gracial aquel joven brasileño, cuando se despidió me dijo que era piloto de la compañia, al otro día volaba a Brasil.

En Barajas esperé a los amigos españoles que quedaron en ir a buscarme. Luego de muchas horas, cuando estaba a punto de anochecer, les llamé por teléfono preocupada para recordarles que ya había llegado a Madrid,pero me respondió una voz "teléfono equivocado". Como las desgracias no vienen solas no aparecieron aquellos "amigos" españoles a los que en Bolivia les dediqué gratuitamente muchas horas de mi tiempo con la education y dulzura que nos caracteriza a los bolivianos . Con mis maletas en Barajas caminaba de un lado a otro preocupada, con 100 dólares en el bolsillo no sabía qué iba hacer ni a dónde iba a ir, el resto de mi plata lo había dejado a mis hermanos para que fueran tirando con los gastos de la casa en La Paz mientras encontraba trabajo en Madrid.

Una semana antes de mi partida, en el atrio de la Universidad, de manera discreta, le comenté sobre mi viaje a un compañero de clase,"pero no se lo cuentes a nadie", le dije, no quería que nadie lo supiera
por si me deportaban y vaya vergüenza que pasaría, me dijo que no me preocupara, que estaba seguro que me iría bien, que él tenía una hermana en España que se había ido hace 11años y estaba trabajando como dentista, rápidamente anotó en un papelito el número de su hermana y me lo dio, lo metí en mi cartera sin darle mayor importancia porque creí que no sería necesario al tener a aquellos amigos españoles esperándome en Madrid. Aquel papelito de mi amigo Orly me salvó en Barajas.

Un junio de 1995 ya estaba trabajando en Madrid, como no sabía limpiar, ni
cocinar, ni planchar, "la orcochi universitaria" me llamaban en mi casa mi madre y mis hermanos, nadie me quería contratar, leían mi currículum me hacían una prueba y la respuesta era "búscate otra cosa", entonces opté por otros trabajos, me ofrecieron cuidar a una pareja de ancianos, ella con Alzheimer, tienes que llamarles "señores" me dijeron los familiares, les respondí que mejor les llamaría "abuelitos" si nos les importaba, nunca había tratado a
nadie de "señores", si acaso de "su Excelencia". Fue un placer cuidar a mis
"abuelitos españoles", mi primer trabajo en España, me pagaban 600 dólares al
mes, mi abuela regaba las plantas de plástico a primeras horas de la mañana todos los días y a mi me tocaba desayunar quitando el agua de la casa con la fregona y trapos, "no lo vuelva a hacerlo abuela" me enfadaba colorada de rabia, "perdóname hija" se disculpaba la abuela. El abuelo dormía hasta las dos de la tarde para no enterarse sobre las travesuras de la abuela. En este trabajo fui testigo de los estragos que causa el Alzheimer en las personas mayores, el papelón para la familia del paciente y las personas que les cuidan, en un momento de trance son capaces de quemarte hasta la casa y cuando recuperan la razón no saben porqué lo han hecho. Durante un par de años me especialicé en el cuidado de ancianos y niños, a los viejos españoles les cuidé con el mismo cariño que a mis padres y a mis abuelos, a los niños como a los míos propios que espero tener.
Compaginé este tipo de trabajos con mis clases por las tardes en la Universidad
Complutense de Madrid donde convalidé mis estudios universitarios, a mi familia no les faltó puntualmente cada fin de mes sus remesas.

En mi casa somos familia de ocho hermanos, siete tuvimos que emigrar desde la década de los 90, dos a Brasil para trabajar en los talleres de costura, una
hermana a Argentina donde tuvo a su primero hijo, y cuatro a España, uno de
ellos (Antonio) tiene dos niños, el último un varoncito al que no conoce
todavía, nació 7 meses después de llegar a Madrid, estos días se ha quedado
sin trabajo en España, no tiene los papeles. El otro hermano fue deportado del
aeropuerto de Barajas.

Trece años después, cuando miro atrás, no me arrepiento de la decisión que tomé cuando sólo tenía 22 años, fueron días difíciles lejos de mi pais y de mi
familia, pero como boliviana y profesional hoy duermo con la conciencia
tranquila y deseo que muchos jóvenes bolivianos tengan la madurez y fuerza
suficiente para decirle no a los gobiernos corruptos e inmorales, que si pueden
resistan,que no se vayan de Bolivia, que luchen por su tierra, por su tajada de
pastel, por un futuro mejor para todos. Quien acepta
ser corrompido a cambio de una migajas siembra un futuro incierto para sus
hijos.

 

Esta es mi historia, no es fácil urgar en el pasado, han tenido que pasar muchos años para contarle a mi familia la verdad sobre cómo llegue a España y cómo fueron mis inicios. Los bolivianos debemos contar al mundo sobre las injusticias que vivimos en nuestro país, por qué emigramos y porqué esos cambios políticos son urgentes en Bolivia, con nuevos gobernantes, con politicos honestos que repartan la riqueza de manera equitativa entre todos los bolivianos. Este artículo lo escribí en abril de este año, hay que rectificar sobre Antonio, mi hermano, ha vuelto a Bolivia a finales de mayo, como consecuencia de la crisis en España, ya conoce a su hijo, verá crecer a sus hijos, eso también es importante. Hay compatriotas que vuelven a Bolivia para pasar sus últimos días como David Carlos Zapata, aquel boliviano con cáncer terminal que ni siquiera en momentos tan difíciles recibió el trato que estos héroes emigrantes merecen, creímos que viviría unos meses más para recuperar el tiempo con su familia pero sólo le dio tiempo para despedirse y emigrar a otro sitio.


 

 

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