Localizan el coche del segundo ecuatoriano desaparecido


(Agencias) Madrid 05/01/06


El Renault Clio de Diego Armando Estacio fue encontrado a las 20.35 horas de ayer jueves, en la localización que ayer facilitó su novia, Verónica Arequipa, de 21 años, la plaza 616 de la primera planta del aparcamiento, en una situación "muy compleja", sepultado bajo tres forjados y diversos coches según Alfonso del Alamo, director de Emergencias y Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid.

En su visita a la zona el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, dijo que se necesitarán al menos 17 horas para llegar hasta el cadáver “es imposible saber cuándo se va a llegar al cuerpo”.


Tarea larga y difícil


Una vez constatado que el cuerpo se encuentra en el interior del vehículo, los trabajos de rescate se centrarán en llegar hasta el turismo por la parte de atrás, en lo que va a ser una tarea "larga y difícil que podrá abarcar ocho, diez, catorce o más horas", explicó Del Álamo.


Diego Armando Estacio Civizapa, de 19 años y natural de la ciudad costera de Machala, acudió el pasado junto a su novia, Verónica Arequipa, al aeropuerto a recoger a la madre de la joven. Mientras ella accedió a la terminal del aeropuerto, su novio decidió quedarse en el parking del aeropuerto para dormir un rato en el interior de su coche.


Hasta hacía unos meses Diego Armando vivía con su padre, Winston Estacio, quien lleva cuatro años residiendo en España, en un piso alquilado en la localidad madrileña de Alcorcón. Gracias a su trabajo en la construcción, logró conseguir el dinero necesario para irse a vivir con su novia a Madrid.


La última vez que Winston vio a su hijo fue el día de Navidad, ya que comieron todos juntos para celebrarlo. Además tenían pensado pasar también la Nochevieja juntos, e incluso esperar hasta las seis de la madrugada para celebrar la llegada del Año Nuevo a Ecuador.


 

Encontraron el cuerpo del
ecuatoriano Carlos Alonso Palate

Madrid- 04/01/2006

Redacción Voz-latina.com

A las 18:50 de ayer encontraron el cuerpo de Carlos Alonso, sepultado en el interior de su vehículo en el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas, donde se produjo el acto terrorista el pasado sábado, esta tarde será repatriado a Ecuador.

El levantamiento de cadaver fue ordenado ayer por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno y el fiscal, Vicente Gonzáles Mota, luego de cinco días de búsqueda por el equipo de bomberos, y la policía científica española.

Este ecuatoriano había llegado a España en el 2002, tenía 35 años, tres hermanos y una madre invidente en Ecuador, desde España era el sostén económico de la famila, enviaba 300 dólares todos los meses, trabajaba en una fábrica de plásticos y en la cosecha de naranja en Valencia donde actualmente residía.

El presidente de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estuvo ayer durante dos horas con la familia de Carlos Alonso para transmitir su pésame, ha dicho a la prensa que "la barbarie del día 30 no sólo ha sido un acto criminal, sino perfectamente inútil para cualquier intento u objetivo de la banda terrorista ETA".

Ahora buscan a Diego Armando, también ecuatoriano, de 19 años

Los equipos continúan buscando el cuerpo de Diego Armando Estacio, el otro ecuatoriano desparacido. El padre de Diego Armando Estacio vive momentos de angustia en Madrid junto a su familia, quiere encontrar a su hijo "esté como esté, como Dios lo haya querido" ha dicho, que la sensación de la familia al ver el lugar de la explosión es "muy desesperante, muy horrible", pero que han decidido aceptar el ofrecimiento del Gobierno de acudir allí cada mañana porque así se sienten "más tranquilos". Diego Armando llegó el sábado sobre las cinco de la madrugada a Barajas en coche junto a su novia, y se quedó durmiendo en el vehículo dentro del aparcamiento mientras ella iba a recoger a su madre y otros familiares dentro del aeropuerto.



Atentado terrorista en Madrid, hay 4 heridos y dos ecuatorianos desaparecidos, Diego Astasio y Carlos Alonso

Madrid, 30 de diciembre
Rosmery Castro Quisbert

Madrid despertó hoy con un nuevo atentado de la banda terrorista ETA, a las 9:00 de la mañana ha explotado una furgoneta cargada de explosivos en el aeropuerto de Barajas, en la Terminal 4, cuatro personas han resultado heridas y por el momento no se conoce el paradero de otras dos. El Ministerio del Interior de España divulgó esta tarde una nota informativa en la que confirma la desaparición de una segunda persona que al parecer se trataría de Carlos Alonso Palate, también de nacionalidad ecuatoriana.

“Con violencia no hay dilaogo, ningún tipo de dilaogo” ha dicho el presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en comparecencia de prensa en la Moncloa, condenó el atentado e hizo extensiva su solidaridad con los familiares de los afectados. "El Gobierno considera que no se cumplen las condiciones de la resolución que aprobó el Parlamento en 2005, que pasa por que los terroristas y quienes les representan muestren una voluntad inequívoca de abandono de la violencia; hasta que esto no se produzca, no habrá ninguna aproximación al diálogo”, dijo, anunciando así la suspensión del diálogo con la banda terrorista que se había iniciado el pasado 22 de marzo.

Los dos ecuatorianos son buscados en estos momentos por la Policia en medio del escombro. Diego Astasio es un joven ecuatoriano que se quedó dormido en su coche en el edifico D del aparcamiento público de la T4 de Barajas, fue la primera persona de cuya desaparición se tuvo conocimiento, iba a acompañar a su novia al aeropuerto para buscar a un familiar. Ésta ha pedido con angustia en declaraciones a Radio Nacional de España que se ponga en contacto con ella, según la familia el joven viste un pantalón negro, una chaqueta gris y unos zapatos amarillos. "No recuerdo exactamente dónde estábamos aparcados, pero sé que estábamos cerca de las pasarelas de la terminal" asegura la novia de Diego.

Carlos Alonso Palate, también de nacionalidad ecuatoriana, había ido a la terminal a recoger a un pasajero y se quedó esperando en el coche,sus familiares denunciaron su desaparición a última hora de la mañana y una vez comprobados los datos que confirmaban su presencia en el lugar y en el momento de la explosión, la Policía inició las labores de búsqueda.


Aleida Acosta se encontraba durmiendo con dos amigos en el interior del parking donde se produjo la explosión
elpais.es


Aleida Acosta, colombiana de 45 años, llegó al parking de la T4 a las tres de la madrugada y se quedó dormida dentro del coche, junto a dos amigos que la acompañaban. Habían viajado desde Murcia para que ella cogiese un vuelo a Colombia, donde su familia la espera. “Hace cinco años que no les veo. Iba a conocer a mi nieto, que tiene pocos meses explicó”.


Como habían llegado muy pronto al aeropuerto y el avión no saldría hasta las 11 de la mañana, decidieron dormir en el coche, tapados por los abrigos. “Por eso quizá no nos vieron los policías cuando acordonaron la zona, porque estábamos a 200 metros de la furgoneta, detrás de una columna”, indicaba uno de sus acompañantes.


A las nueve se despertaron con la explosión, aunque en un primer momento no imaginaron que sería una bomba, sino un avión que habría caído sobre el aparcamiento. “Al momento aquello se llenó de humo y no veíamos nada, ni sabíamos qué hacer. Dejamos todo en el coche y salimos corriendo. Los policías nos gritaban: “Corred, corred, corred”, pero no nos decían hacia dónde”.


Mientras corrían para salir del aparcamiento, pudieron comprobar que el edificio había quedado destrozado y desde el techo abierto veían el cielo. Sus maletas se quedaron en el vehículo y ellos comenzaron una huida por la carretera, como otros muchos viajeros que se alejaban de la Terminal.


"La gente empezó a chillar y a llorar, no sabíamos qué pasaba"


Dentro del edificio, minutos antes de la detonación, Iván Lara de 17 años hacía un descanso en su trabajo de empaquetador de maletas y pedía el desayuno en la cafetería. Por las ventanas de la terminal observó que había muchos policías y comenzaban a acordonar el aparcamiento, incluso desviando coches que llegaban. “¿Qué ha pasado, por qué hay tanta policía?”, preguntó a uno de los camareros. “Por lo visto hay amenaza de bomba”, le respondieron distraídamente. Unos segundos después, la onda expansiva les lanzó al suelo y los cristales comenzaron a caer. "Vi el fogonazo a través de las cristaleras, porque la cantina está a 20 metros del parking. Era el momento justo cuando salía volando el techo y las puertas. La gente empezó a chillar y a llorar, no sabíamos qué pasaba". Su hermano mellizo, David, que en esos momentos plastificaba maletas en la segunda planta del edificio, junto a los ascensores, escuchó la explosión y vio cómo una marquesina de metal le iba a caer encima. Pudo esquivarla medio aturdido y echar a correr como el resto de trabajadores y viajeros que intentaban acceder a las pistas. “La policía nos decía que tuvimos suerte de que la doble cristalera hubiera funcionado bien, porque si no llega a ser así, salimos todos volando”, afirmó Iván.


Miles de personas se agolparon ante las puertas de embarque para salir del edificio, aunque en un primer momento los agentes no dejaban pasar sin revisar las tarjetas de embarque, objetos metálicos y mochilas. Cuando el humo comenzó a entrar en el edificio y los viajeros comenzaban a empujarse hacia las puertas, decidieron abrir y permitir el acceso libre a las pistas.


Miguel Fernández, técnico de mantenimiento, se encontraba en ese momento en la zona de aparcamiento de aviones, justo al lado de la terminal. Describe la imagen como “una marea humana que comenzó a salir por las puertas, hacia los aviones. La gente estaba muy nerviosa, había niños que lloraban y gritaban. No sabíamos qué había pasado, escuchamos un golpe sordo que debía de ser la explosión, sentimos cómo tembló el suelo y las ventanillas de los coches”. En pocos minutos, miles de personas se agolpaban entre los aviones. “Tampoco podíamos llamar por teléfono, porque las líneas estaban colapsadas, como si hicieran barridos electrónicos”, comentó Miguel. “Por los walkie-talkies empezaron a llegar avisos de que las familias estaban intentando localizarnos y no podían. Pero después hubo un silencio terrible: nadie hablaba. Comenzamos a repartir mantas entre la gente, porque había muchos niños y personas mayores y hacía frío”.


A las 09.30 horas, en el aparcamiento de Aena situado junto al hangar 3 de Barajas, los equipos de apoyo a los servicios de emergencia esperaban órdenes. Al menos cuatro ambulancias de diferentes organismos y diversas dotaciones policiales se prepararon por si necesitaban refuerzos en el hospital de campaña levantado junto a la Terminal 4.


Los viajeros que habían salido a pie de la zona o conseguían acceder a la Terminal 1 y 2 en autobuses, llegaban con gestos de desorientación y sin saber muy bien a quién preguntar. En los puestos de facturación, la colombiana Aleida Acosta se enteró de que su vuelo tenía previsto salir normalmente más tarde si abrían el espacio aéreo, pero tendría que embarcar sin sus maletas. “Las dejamos en el coche cuando salimos corriendo, ¿no me las pueden mandar en otro vuelo?”, preguntó a las azafatas de tierra. "No puede volar el equipaje sólo. Como mucho, podría retrasar su vuelo a mañana, que ya podrán acceder al aparcamiento, pero tendría que pagar una penalización por cambiar el billete", le advirtieron.


Ante los puestos de información de Aena, los viajeros se amontonaron durante las primeras horas sin saber qué hacer. Las encargadas advirtieron por megafonía que en cuanto se recuperase la normalidad del aeropuerto podrían ofrecer más información.


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