¿Cuánto príncipe hace falta?

Canal solidario.org, Zulma, Barcelona 27 diciembre 2009

La noticia me sacó de mi letargo: el príncipe Guillermo de Inglaterra pasó una noche bajo un puente de Londres para conocer, en carne propia, qué era eso de dormir en la calle.

Las contertulias del programa matutino elogiaban la generosidad y caridad del hijo de Diana. “Nadie lo obligaba a dejar su cama tan calentita e irse a las calles frías para compartir con los indigentes”. Algo así decía la dama de finos modales y limitado vocabulario mientras yo no sabía si reírme, sentirme ridícula por escuchar tan atentamente un programa de televisión que detesto o burlarme de la condescendencia real: del palacio al puente para comprobar que hay pobres.

Opté por averiguar más. La cuestión es que Guillermo y su hermano Enrique fundaron el Fórum de los Príncipes, en el que están agrupadas todas las entidades que reciben sus donativos o a las que prestan sus nombres. Aquí hay organizaciones no gubernamentales de todo tipo: desde las más cristianas, entregadas en su amor al prójimo, hasta las más deportivas como la Unión galesa de rugby.

Una de las entidades que recibe los favores principescos es Centrepoint, una ONG empeñada en “ofrecer un futuro a los jóvenes sin techo”. Desde 1969 los centros de esta organización acogen a personas sin hogar en estancias cortas o hasta un máximo de dos años, dependiendo de sus necesidades y circunstancias.

Sin duda, un trabajo loable que (por lo que se ve) causa más curiosidad cuando un apuesto príncipe inglés se toma la foto con Seyi Obakin, directivo de Centrepoint y, por supuesto, cuando sabemos que pasó la noche a la intemperie. Me molestó muchísimo la frivolidad con que la tele presentó la noticia. Porque la noticia no es que el Príncipe se dé cuenta de que hay pobres durmiendo en las calles (como la hicieron ver) sino que cada noche, los hogares de esta ONG atienden a 800 jóvenes sin hogar.

¿Cuántos se quedan sin atender? ¿Cuántos han logrado incorporar al mercado laboral? ¿Cuántos han conseguido un techo digno y permanente? ¿Cuántos son remitidos a organizaciones públicas que velen por sus afecciones psiquiátricas, que les traten sus drogodependencias?

En todo esto me quedé pensando mientras trataba de entender por qué nunca es suficiente. Ni todas las ONG dedicadas a este tema ni el Estado con los recursos suficientes logran mitigar las necesidades básicas de todos los ciudadanos.

¿Cuánta solidaridad hace falta para transformarnos como sociedad? Tanta, tanta que ni gobiernos, ni empresarios, ni príncipes, ni trabajadores estamos listos para entregarla de una buena vez...

 

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