El oficio de periodista y las estrategias de la globalización
Periodista, periódico, comentarista, presentador, informativos...,
sirven, entre otros nombres, para definir una serie de actividades englobadas
bajo el carácter de información, a la que se le confiere, por
el hecho de volcar sucesos, contar chismes o dar noticias sobre un soporte
de papel, audiovisual, sonoro, gráfico, informático, etc, un
valor: la verdad, de la que carecen otras formas comunicativas.
El término información, en estos momentos,
cumple una función básicamente mercantilista y de control del
individuo social, a través de la creación de un estado de opinión,
que tiene la misión de ir esculpiendo un pensamiento dócil,
narcotizado y sumiso frente a las formas de poder. La opinión, como
dice Elisabeth Noelle-Neuman en su libro La espiral del silencio, es una fuerza
poderosa capaz de resolver conflictos, derribar gobiernos y oprimir individuos.
Aristóteles ya contemplaba la fuerza de la opinión en la Grecia
clásica, al afirmar que: un rey que pierde el apoyo de su pueblo deja
de ser rey; yMaquiavelo le dice a su monarca, también sabedor que la
fuerza no lo es todo, quelo primero que debe buscar para gobernar, es el amor
del pueblo y si no lo conseguí, el rey tiene que obtener el respeto
del pueblo mediante el temor.
La opinión a lo largo de la historia ha tenido sus oficiantes, siempre
cercanos al poder, cuando no eran el propio poder. Púlpitos, tronos
y espadas fueron durante siglos los espacios privilegiados para ejercitar
la fuerza poderosa de la opinión. Frailes, monarcas y guerreros se
encargaron de dejar muy claro como era el mundo y los riesgos que suponía
abrazar otras ideas alejadas de los dogmas oficiales. Poco han cambiado las
cosas salvo por las formas que obliga el totalitarismo de la democracia formal
y su sentido de la libertad, sobre todo el de la expresión. Países
como EE.UU. ha utilizado la 5º enmienda de su Constitución, que
habla de la libertad de expresión, como tarjetade la supremacía
moral democrática frente al resto del mundo. A la división clásica
de los tres poderes surgidos de la Revolución Francesa: legislativo,
ejecutivo y el judicial los americanos del norte hablan de un cuarto poder:
la prensa. El problema radica que el tiempo ha demostrado que los tres poderes
siguen siendo uno y ese uno necesita a la prensa para seguir imponiendo la
idea de un solo mundo y de una única realidad.
El modelo de información se encuentra en el punto de las miradas críticas
al percibirse de manera clara la función que tiene en el nuevo orden
mundial. Periódico y periodista son cuestionados en su primera función
que sería la de informar; lo que entendemos como información
(política, cultura, educación) se ve reducida dentro de los
contenidos generales ante unos medios que dedican cada día más
espacio a noticias relacionadas con aspectos banales y deportivos y a dar
cobijo a la publicidad mercantil.El periodista se ha convertido en un trabajador
sin autonomía y carente de libertad creativa, una pieza dentro del
engranaje de una empresa, donde los beneficios cuentan más que la propia
información. En estos momentos es difícil encontrar un periódico
o revista donde el merchandising (producción, promoción y venta
de objetos y gadgets variados) no acompañe al soporte informativo:
libros, objetos de colección, películas, y sobre todo publicidad;
publicidad que contamina el espacio público e influye de forma decisiva
sobre el espacio mediático.El modelo informativo de solo prensa se
ha visto asaltado por otras formas nuevas de comunicación compitiendo
por un mercado saturado de información. La empresa periodística
se ha transformado en sus formas organizativas y empresariales; el periódico
como tal ha dejado de existir al igual que el periodista y su actividad primaria.
El medio es ahora multimedia y multinacional dejando muy claro con su presencia
en la Bolsa, que sus intereses en el mundo pasan por el mantenimiento de una
economía agresiva y neoliberal, responsable de los grandes problemas
que asolan al mundo como es la guerra, la desigualdad económica y la
crisis ambiental.
La fábrica de la opinión y del derecho a informar es un negocio
muy serio como para dejarlo en manos de unos sujetos obsesionados en verificar
las fuentes de la información o en investigar el origen de la noticia
o en recalcar su independencia frente a otros poderes. El periodista actual
sabe que su artículo se publicara en multitud de medios y que salvo
las “estrellas”, los únicos autorizados para firmar “sus”
opiniones, los demás quedarán sepultadas por el anonimato de
su actividad y limitados por el interés comercial o su abscripción
ideológica. El trabajador de la empresa de la opinión se vera
obligado a moverse dentro de la estantería comercial fijada en el mercado
del pensamiento; un mercado que se mueve detrás de ofertas tan variadas
como el cotilleo, corazón, deportes, aventuras, viajes, cultura, inclinaciones
políticas, etc, y que tiene un objetivo claro pero no confesado: el
control social de sectores amplios de la sociedad a través de la asimilación
y de la homogenización. Marcusese interroga: ¿Se puede realmente
diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos
de información y diversión, y como medios de manipulación
y adoctrinamiento? [1] . No es un problema de elección entre dos disyuntivas,
más bien es la constatación de la ausencia de mecanismos que
permitan ejercer el control democrático de los medios de comunicación
tanto públicos como privados.
La ausencia de canales comunicativos de masas fuera del control de las grandes
redes de la información, ahogan el malestar ciudadano hacia unos medios
que se sitúan por encima de la sociedad y de las propias instituciones,
y que tienen el privilegio, a través de un consejo de sanedrines, de
decidir el orden del día de los temas queocuparán el interés
público. La situación de indefensión de la sociedad civil
crítica es total, frente al entramado ideológico-empresarial
de los medias, que disfrutan de la intocabilidad que no tienen en sociedades
democráticas formales otras instituciones: puedo criticar al juez que
me juzga, al obispo que trafica con la salvación, al poli que me vigila
y al militar que me ocupa; pero no al empresario para el que trabajo o al
medio de comunicación que me sirve información.
Henri Maler, Profesor de la Universidad de París-VIII, en un artículo
publicado en Le Monde Diplomatique (mayo 2004) hace una invitación
a levantar un movimiento contra el orden mediático y comenta el cuestionamiento
cada vez más extendido sobre la concentración de medios de comunicación,
la prostitución de la información y de la cultura. Es una llamada
a la resistencia frente al poder que se proyecta a través de los medios
y sus “intereses económicos y políticos que se camuflan
bajo el ropaje de la mal llamada sociedad de la información y la promesa
de un futuro cibernético vacío de contenido” [2] .Una
resistencia difícil que se ve complicada por los escudos protectores
(libertad de expresión y comunicación) de los que se han apropiado
la actividad empresarial del periodismo y por el valor que se han conferido
de ser los nuevos mensajeros que llevaran la información (una idea
vacía y corrupta) a todas las partes del mundo a través de la
globalización. La idea de lo global cuenta en los medios de comunicación
con la inestimable ayuda de profesionales encargados de cantar las excelencias
de lo global que se ha unido a otros términos positivos como son el
progreso y el futuro.
Opinión global, cultura global y sociedad global son los principios
sobre los que trabajan una media docena de empresas encargadas de construir
su concepto de sociedad de la comunicación. La CNN, paradigma de la
información total, presento su idea de lo que se debe de ver, cómo
se debe de ver y cuando se debe de ver formandoparte de la panoplia militar
americana en la primera guerra del Golfa. Es su idea de lo que McLujan denomino,
de manera campechana, “la aldea global” y que nos advierten de
que estamos ante un proyecto totalitario de comunicación, donde los
intereses del Estado y del complejo económico-militar empresarial,
necesitan para completar su dominio absoluto, de un sistema de transmisión
de la información-verdad para completar lo que la fuerza de los cañones
no pueden realizar.
Nada es verdad, todo está permitido
Se nos dice que noticia es informar durante meses sobre la felatio que Mónica
Lewinsky, becaria en la Casa Blanca, realizo al Presidente Clinton; también
es noticia, es decir, verdad, las razones dadas por la Casa Blanca sobre la
existencia de las armas de destrucción masiva que justificaron la guerra
de Irak. Lo es que el mundo se divida en dos ejes: el del bien y del mal y
que hay que adscribirse a uno de los dos para ser considerado amigo o enemigo.
Nada de todo esto sería posible sin la existencia de un púlpito
mediático de alcance global donde poder celebrar la ceremonia de la
prevaricación lingüística, necesaria para amortiguar la
dureza de una realidad que se introduce a la hora de comer, a través
de las televisiones, con las imágenes de la guerras o de las catástrofes
resultantes de la existencia de dos mundos tan diferentes. Así surgenpalabras
como daños colaterales para referirse al asesinato de civiles después
de un ataque realizado por nuestros ejércitos o el de ingeniería
financiera para referirnos a la especulación financiera que es lo mismo
que decir engaño y robo.
Estamos en un mundo plagado de lenguaje orweliano ( la novela de 1984)de “quién
domina el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, es el amo
del futuro”. La semántica, como dice Mompart, “forma parte
de las tramas de instauración de conceptos tácticos que esconden
geoestrategias económicas, políticas, militares...y cuyos significantes
quedan acuñados como expresiones técnicas exentas de ideologías”.
En éste sentido los medios han sido una herramienta vital para establecer
diferentes finales virtuales como<<el fin de las ideologías>>,
<<el fin de los bloques>> o <<el fin de la historia>>o
<< del pensamiento>>; y si ellos no han creado directamente el
lenguaje si que han sido los encargados de ritualizarlo con el objetivo de
conseguir la unicidad: no es posible, en ese mundo global, la escisión
entre imagen y realidad . No es un lenguaje inocuo es un lenguaje cerrado
que sirve al mismo tiempo para intimidar y glorificar; quien no asuma el lenguaje
global (que no demuestra ni explica) de lo que quiere decir la palabra paz,
intervención militar humanitaria, guerra contra el terrorismo, entre
otras, y no le confiera el mismo valor del que se encuentra detrás
de este consenso, impuesto de modo autoritario y absolutista por los medios
de comunicación, queda expuesto a caer en un aislamiento criminalizador.
La sociedad de la información se ha convertido en el único espacio
donde la palabra revolución no asusta a los gobiernos ni a los poderes
multinacionales, seguramente porque esa revolución de la información
solamente busca los grandes silencios alrededor del lenguaje-ritualizado.
Según Roland Barthes, es el lenguaje propio de los regímenes
autoritarios: “El lenguaje es en sí mismo un instrumento de control,
incluso cuando no transmite órdenes sino información; cuando
no exige obediencia sino elección, cuando no pide sumisión sino
libertad. No busca el lenguaje ni la verdad ni la mentira, sino que la establece,
la impone. El nuevo recurso del lenguaje mágico-ritual consiste más
bien en que la gente no lo cree, o no le importa, y, sin embargo, actúa
de acuerdo con él”. A más medios la sensación es
más información aunque lo que se pretende es eliminar los mecanismos
por los que el individuo sea capaz de “entender” lo qué
pasa configurando una sociedad con mucha opinión y escaso conocimiento.
Brzezinski, director del Instituto de Investigación sobre el Comunismo
en la Universidad de Columbiadice <<La base de la potencia americana
reside, sobre todo, en su dominio del mercado mundial de las comunicaciones...Esto
crea una cultura de masas que incita a la imitación política>>
[4] . Detrás de las palabras del politólogo se esconde todo
un proyecto de dominación que opera en red, donde el espacio local,
nacional e internacional son uno solo (un mundo americano con sus símbolos,
sentimientos y valores). La interrelación de espacios se ha hecho posible
gracias a la informática y a las tecnologías de la información
y de la comunicación. La comunicación se aprovecha de su capacidad
hipnótica para imponer la doctrina de la globalización por medio
de un lenguaje único que pretende reducir “la tensión
entre pensamiento y realidad, debilitando el poder negativo del pensamiento”
[5] .Una situación que nos sitúa ante un modelo de comunicación
que ha ido cambiando el sentido de las ideas y de las palabras como por ejemplo
el concepto libertad. Mattelar señala que la “libertad de expresión”
compite con la “libertad de expresión comercial”, presentada
como nuevo derecho del hombre. La publicidad comercial se presenta como información
y exige la libertad de poder fluir por medio de cualquier red sin ningún
tipo de limitaciones. Llegados a este punto, la palabra libertad necesita
ser redefinida al igual que otras como progreso y desarrollo, muy presentes
en el diccionario de la globalización . El nuevo orden mundial de la
comunicación camina de la mano de las instituciones(GATT, OMC, FMI,
AMI) encargadas de imponer en el mundo un modelo en el que la única
libertad que se permite es la de que las empresas multinacionales puedan comerciar
y mover sus mercancías (que no las personas) sin ningún tipo
de trabas ni restricción políticas ni fronterizas.
El proceso no está resultando fácil ni libre de tensiones como
demuestra la ofensiva desatada por sectores e instituciones ligadas a la extrema
derecha americana, encargados de presentar la resistencia cultural a lo americano,
como un choque de civilizaciones. Samuel Huntington, empleado del Pentágono
y conocido racista, en diferentes trabajos que han tenido una amplia difusión
académica y mediática, presenta cualquier rechazo al dominio
de EE.UU. y de sus corporaciones empresariales como una amenaza civilizatoria,
donde el mundo blanco, anglosajón y cristiano se ve amenazado por la
irrupción del islam en el exterior y por los hispanos debido a su capacidad
reproductora y por hablar español. El establecimiento de una cultura
única se mueve desde la imposición de unas cuotas de pantalla
abusivas para las películas fabricadas por Hollywood, a las noticias
suministradas por las agencias internacionales (controladas por EE.UU) o por
el control de las redes de comunicación mundial. Los impulsores de
este sistema no quieren hablar de regulación;la única regulación
posible es la del mercado y la del consumidor. Ante esta situación
de dominio las culturas autóctonas tienen muy pocas posibilidades de
sobrevivir frente al nuevo imperialismo cultural que no tiene en cuenta el
arraigo y la tradición de culturas milenarias, reacias al consumo y
a las nuevas leyes del mercado. La frustración de estas sociedades
(ya no se habla de aldea global, más bien de ciudad global) adopta
múltiples maneras que van desde la lectura fundamentalistas de sus
tradiciones hasta el uso de la violencia frente a Occidente para evitar la
asimilación y paliar la catástrofe que supone la desaparición
de las economías tradicionales por un capitalismo que deja tras de
sí un reguero de refugiados económicos y ambientales. Es una
resistencia de tintes revolucionarios en tanto que se pone en cuestión
una idea de organizar la economía y la cultura mundial y el modelo
informativo impuesto por la CNN o la BBC (programación dirigidas al
mundo árabe) .
El panorama inmediato no se presenta halagüeño, la tendencia es
ir a más en el control de las redes de comunicación y a la creación
de plataformas comunicativas donde el interés empresarial está
muy presente pero sin renunciar a el papel encomendado a los medios de control
del pensamiento que permita crear una sola idea de mundo y de sociedad. El
consumo se ha convertido en un acto de transmisión de ideología
y eso lo saben muy bien los fabricantes que con la publicidad orientan la
línea editorial de la información. Robert Guerin dice que “el
aire que respiramos es un compuesto de oxigeno, nitrógeno y publicidad”,
y una gran parte de lo que se conoce como información adquiere la forma
de propaganda ¿Dónde se encuentra la raya entre publicidad,
propaganda o información veraz y objetiva?; ¿qué función
juegan los periodistas en este sistema empresarial de la información?;,
¿qué es la libertad de expresión y quiénes la
pueden ejercer? ¿la concentración de medios es una amenaza a
la libertad?. Muchas preguntas que ponen en cuestión el papel de los
medios de comunicación como garantes de la libertad de expresión
y víctimas de los excesos de informar. Es cierto que mueren periodistas
y que son encarcelados pero de éstas víctimas no hablo, son
residuos del periodista comprometido con su tiempo y con su sociedad y marginales
en todo lo que concierne al nuevo paradigma de la industria de la opiniónLas
víctimas de este modelo informativo son los que promueven la pluralidad
informativa, la verificación de fuentes, la idea de los medios de comunicación
como un servicio público puestos al servicio de los hombres y mujerespara
la solución de los problemas que aquejan al mundo. En la actualidad
se pone más en valor la opinión que el conocimiento. No es es
lo mismo.
In memoriam, por José Manuel Pérez Pena, Licenciado
en Humanidades
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