¡Vamos al Salar!

Ricardo Bajo, la-epoca.com

Foto:tunari.tripod

Cuando me preguntan fuera de nuestras fronteras: ¿qué es lo más lindo de Bolivia?, ¿y si viajo, qué no me tengo que perder por nada del mundo? Siempre respondo: el Salar, el Salar de Uyuni. Recuerdo la primera vez que vino a Bolivia el cantante francés, de origen gallego­vasco, Manu Chao, ex líder de Mano Negra, allá por el 2000. Después de tocar con su banda, la Radio Bemba, en La Paz y Sucre, Manu, hijo de Ramón Chao, una de las mejores plumas del semanario Le Monde Diplomatique, se dio unos días de vacación, en aquella apretada gira sudamericana, para irse al Salar. “Me han dicho que el Salar es impresionante, conozco toda Sudamérica y no puedo irme de Bolivia sin llegar al Salar”, me dijo Manu. Ni qué decir que volvió impresionado, alucinado, maravillado.


El Salar de Uyuni, esa gran masa blanca de 10.600 kilómetros cuadrados de sal, ha sido elegida por una revista turística inglesa (la “Rouge Rides”) como la primera de las 25 maravillas del mundo. Cuando la visité por primera vez, recién llegado a Bolivia, allá por 1997, tuve mucha suerte pues llegué en junio, una etapa del año lluviosa que permite una fina capa de agua sobre la sal y que provoca un efecto majestuoso en el horizonte: cuando las nubes se reflejan en el agua cristalina del salar. En los cuatros días del tour que sale de Uyuni mi boca no paraba de abrirse inconscientemente.


Dicen que Uyuni está abandonado y es cierto. Dicen que hace falta más inversión en infraestructuras, en hoteles, en boliches, en electricidad y agua. Dicen que debería ser más fácil llegar al Salar, vía aérea y terrestre. Incluso el primer lugar de la encuesta ha coincidido con el anuncio de aprobación de la nueva carretera Potosí­Uyuni, de 200 kilómetros. Todo es cierto. Lo bueno es cuando al Salar lleguen miles y miles de viajeros, éste nunca sufrirá el mal de otros “spots” ultraconocidos, como Machu Picchu porque Salar y sal hay para todos, para regalar. Por cierto, si algo hace falta de verdad es que los propios bolivianos conozcamos lo nuestro, lo mejor de lo nuestro. ¡Porque la mayorìa de los turistas que visitan el Salar son extranjeros! Ya pues, ¡vamos al Salar! ¡conoce Bolivia¡, ¿… y tú cuándo vas?


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